Mes: septiembre 2017

Húsares (Гусары)

Los húsares (‘abanderados del gran camino’) constituían una unidad de caballería ligera. Con origen en las estepas de Hungría, este modelo de tropa se replicó en diversos ejércitos a lo largo de la historia, desde Polonia y Rusia, hasta algunos países de Latinoamérica.

Al principio, el equipo del húsar consistía en un sable de caballería, una lanza y una armadura ligera. Realizaban tanto misiones de reconocimiento, como incursiones de aprovisionamiento para el ejército en marcha. En el combate, su rol consistía en hostigar al enemigo, apoderarse de baterías de artillería o perseguir a las tropas en retirada.

Con el tiempo, los húsares se convirtieron en tropas de élite. Ellos portaban los uniformes más brillantes y exuberantes. Todos los elementos del uniforme se tejían con hilos de oro y plata, y para su confección se empleaban las mejores telas.  El modelo fue copiado y evolucionó en otros ejércitos, en primer lugar, por parte de Polonia.

Los jinetes rusos adoptaron el estilo y la táctica del combate ecuestre de estas tropas húngaras, además de los uniformes. Su armamento pasó de la lanza a una carabina ligera y pistolas, pero conservaron el sable, que es ahora un elemento característico del húsar. Desde 1783, el ejército ruso sólo tenía húsares de la guardia, hasta 1796, tras la muerte de Catalina II, cuando seis regimientos de caballos ligeros se convirtieron a húsares.

En 1801 se añadió el nuevo regimiento de húsares, seguido por dos regimientos de húsares adicionales entre 1806 y 1807. El 10 de noviembre de 1812, el Regimiento de Dragones Irkutsk se convirtieron en húsares. En 1805, estos regimientos de caballería ligera consistían en dos batallones, con un total de diez escuadrones de 120 hombres cada uno, y un escuadrón de depósito. En preparación para la campaña de 1812, la caballería ligera se reorganizó. Soldados seleccionados de los regimientos de lanceros rusos tomaron acción como húsares y se instruyó a los hombres en el uso de la lanza. Como era una práctica común en los regimientos de lanceros polacos y rusos, sólo la primera hilera lleva lanzas, la segunda hilera está armada con sables y carabinas.

La imagen de los húsares como guerreros de élite fue retomada como motivo en pinturas y algunos filmes.

Ujá (Уха)

La ujá es una sopa tradicional de la cocina rusa la cual contiene pescado, según la especie que se prefiera, y verduras. La gastronomía de este país contiene bastantes calorías, con motivo del clima, por ello, las sopas son muy populares.

El sabor de la ujá depende en gran medida del pescado que se utilice. Puede ser salmón, trucha, bacalao o esturión. En cuanto a las verduras, puede añadirse zanahoria, papa o cebolla. Lo que la diferencia del caldo de pescado normal es su densidad.

Los cosacos solían cocinar la ujá durante sus campañas militares, ya que era sencillo conseguir los ingredientes. Primero, debe cocerse el pescado a fuego lento y cuidar que el agua no hierva. El tiempo de cocción depende tanto del tipo del pescado, como de su tamaño.
A continuación, se añaden las legumbres y algunas especias como pimiento negro o azafrán. Se le puede dar un toque especial a la ujá al añadir un poco de vodka.
La ujá es un platillo que puede degustarse tanto en la vida diaria como en las fiestas. Como sucede con algunos platillos rusos, y para continuar con la tradición cosaca, puede elaborarse la ujá al aire libre.

Veliki Nóvgorod (Великий Новгород)

Veliki Nóvgorod (en ruso: Вели кийНо вгород) es una ciudad de la Federación Rusa, la capital de la óblast homónima, con una población de unos 232.200 habitantes.

Está situada a 190 kilómetros al sureste de San Petersburgo, a orillas del río Vóljov. Hasta el año 1478 la ciudad era llamada Gospodín Veliki Nóvgorod que se traduce literalmente como Señor Nóvgorod el Grande. Y no es casualidad. Establecida como el centro político de pueblos eslavos y fino-ugrios en el siglo VIII, la historia de Nóvgorod está estrechamente enlazada con todos los acontecimientos importantes de la vida del Estado ruso.

Durante el periodo de conformación del estado Ruso, los novgorodenses invitaron al príncipe Rúrik para hacer orden y ley. Desde Rúrik nació la famosa dinastía de los zares rusos, que gobernaron en Rusia más de 750 años. A principios del siglo X, la compañía militar de los príncipes de Nóvgorod contra Constantinopla para proteger las relaciones comerciales iguales con Bizancio resultaron la integración de las tribus eslavas orientales en la Rus de Kiev. La adopción del cristianismo en el siglo X trasformó Nóvgorod en un fuerte centro eclesiástico.

A Nóvgorod se la considera en la Rusia moderna como el lugar donde nacen los valores republicanos y democráticos actuales. Durante más de seis siglos y hasta 1478, todas las decisiones vitales en su vida y política exterior fueron tomadas por el «veche», un antiguo parlamento donde tomaba parte todo el pueblo.

Nóvgorod era uno de los mayores centros de literatura y producción de libros en la Rusia antigua. El Nóvgorod medieval era uno de los centros artísticos más importantes de Europa. Sus tradiciones arquitectónicas, sus escuelas de pintura de iconos, sus joyerías y su arte decorativo aplicado eran famosos por todo el mundo. Nóvgorod fue el único principado importante que escapó del dominio mongol tras la conquista de Rusia y pudo guardar su arquitectura antigua.

Su urbe cuenta en su interior con la ciudadela más vieja de Rusia, situada en el corazón de la ciudad, además de ser un centro cultural y religioso. La Unesco declaró en 1992 Patrimonio de la Humanidad a los «Monumentos históricos de Nóvgorod y sus alrededores».

La princesa rana (Царевна-лягушка)

«La princesa rana», o también conocido como «Vasilisa la Sabia y el príncipe Iván», es un cuento tradicional ruso.

Preocupado por su descendencia, un rey pide a sus tres hijos que lancen una flecha, cada uno en una dirección diferente, y que se casen con quienes las recojan.

La flecha del príncipe Nikolai, el hermano mayor, cayó en la mansión de un noble, cuya hija la encontró. La flecha del príncipe Alexei, el segundo hermano, cayó en el patio de un rico mercader y la recogió una de sus hijas. La flecha del hermano menor, el príncipe Iván cayó en una ciénaga, por lo que tiene que casarse con una rana. La rana resulta ser, en realidad, una joven hechicera, llamada Vasilisa la Sabia, quien había sido hechizada por su padre, pero que poseía dotes extraordinarias.

El príncipe Iván, contrariado, toma a la rana y se va. Se celebraron las bodas y el rey encomienda tareas a las esposas de sus hijos, las cuales siempre son superadas con creces por Vasilisa, quien podía desprenderse de su piel de rana por las noches. El reto mayor fue cuando el rey les invitó a una cena a todos los príncipes con sus esposas. Vasilisa le dijo a Iván que no se preocupara, que llegara solo y ella lo alcanzaría.

Ante la puerta del palacio se detuvo una carroza de oro tirada por seis caballos blancos, y de ella descendió Vasilisa la Sabia vistiendo un traje azul cuajado de estrellas. 

Después del baile, Vasilisa, sacudió la manga izquierda, y ante ella apareció un lago; sacudió la derecha, y por la superficie del lago se deslizaron unos cisnes de plumaje blanco como la nieve. El zar y sus invitados no cabían en sí del asombro. 
Mientras tanto, Iván salió sin ser visto, corrió a sus aposentos, encontró la piel de la rana y la arrojó al fuego. 
Cuando Vasilisa la Sabia vio que la piel había desaparecido, reprochó a su esposo con tristeza: 
Vasilisa: ¡Ay, Iván! ¿Qué has hecho? Si hubieras esperado tres días más, habría sido tuya para siempre. Ahora tendremos que separarnos. Búscame más allá de los veintinueve países, en el trigésimo reino, en los dominios de Koschéi el Inmortal, esqueleto sin carne, cuerpo sin alma. 

Así lo hizo Iván, y viajó por una eternidad, hasta que un anciano le indicó el camino a seguir. A lo largo del sendero, le perdonó la vida a un oso, un ánade, una liebre y a un pez. Sus pasos se detuvieron ante la cabaña de la bruja Baba Yaga, quien le reveló la manera de vencer a Koschéi el Inmortal.

Con la ayuda de las criaturas a quienes había perdonado la vida, Iván fue capaz de vencer a su contrincante, y poder recuperar a Vasilisa.

 

https://www.youtube.com/watch?v=OObVtkLThYM

Cosacos (Казачество)

Hay una amplia variedad de concepciones en torno a los cosacos, pero la constante es su importante papel en las guerras y en la formación del estado ruso.

Los cosacos son una casta militar de jinetes natos y brillantes guerreros que libraban condiciones de terreno y climáticas muy complicadas. Comenzaron a aparecer en los territorios de la actual Ucrania a mediados del siglo XIII, cuando muchos eslavos huyeron hacia el sur para escapar de los tártaros.

Los principales núcleos de población cosaca se encuentran en las regiones de los ríos Don y Dniéper. En el siglo XV se describía a los cosacos como un conjunto de comunidades independientes, que formaban a menudo ejércitos locales separados de los estados vecinos (Polonia, el Gran Ducado de Moscú o el Janato de Crimea). Los principios básicos de la organización interna de las comunidades cosacas eran la libertad personal de todos sus miembros, la igualdad social, el respeto mutuo y la libertad para expresar su opinión en el Círculo de Cosacos, el máximo organismo administrativo de la comunidad.

En el siglo XVI estas sociedades cosacas habían formado organizaciones territoriales independientes, sin embargo, perdieron su independencia de manera gradual y fueron abolidas por Catalina II de Rusia a finales del siglo XVIII.

Los cosacos rusos desempeñaron un papel clave durante la expansión del Imperio Ruso en Siberia, el Cáucaso y Asia Central en los siglos XVII y XIX. También sirvieron como guías a la mayoría de las expediciones rusas de geógrafos, comerciantes, exploradores y topógrafos.

Los cosacos, a su vez, sirvieron como guardianes de las fronteras y protectores de ciudades, asentamientos y puestos comerciales y también llegaron a representar una parte completa del ejército ruso. Durante la invasión de Rusia por Napoleón, los cosacos fueron los soldados rusos más temidos por las tropas francesas.

A finales del siglo XIX las comunidades cosacas gozaban de un estatus privilegiado libre de impuestos en el Imperio Ruso, aunque tenían un servicio militar con una duración de veinte años (reducido a dieciocho años desde 1909). Además de servir como tropas de caballería, o unidades de infantería y artillería, tres regimientos de cosacos formaban parte de la Guardia Imperial así como del Konvoi, la escolta montada del zar.

El sentimiento cosaco de ser una comunidad de élite aparte, les proporcionaba un fuerte sentimiento de lealtad al gobierno zarista y se utilizaba frecuentemente a las unidades cosacas para apaciguar desórdenes locales.

Tras la Revolución de Febrero de 1917, el nuevo régimen reprimió la cultura cosaca y su modo de vida. Stalin ordenó persecuciones, deportaciones en masa, y ejecuciones. De todas maneras, el entonces Secretario General del Partido Comunista Soviético reactivó las unidades cosacas bajo estricta vigilancia en vísperas de la Segunda Guerra Mundial.

Desde la caída de la Unión Soviética, hubo un repunte y un creciente interés en recuperar las tradiciones cosacas. En 2005, los cosacos adquirieron nuevos derechos, y se mantiene vigente la idea que de ellos ha prevalecido a lo largo de los siglos, un pueblo de guerreros grandiosos en búsqueda de la libertad.